03/03/2017 CONXA RODRÍGUEZ

Juan Mayorga se emociona en Londres con ‘su’ tortuga en inglés

“Para mí es muy emocionante ver la obra porque, aunque la he escrito yo, a veces, parece que no la entiendo; cada vez que la veo descubro cosas nuevas, y en este teatro [el Cervantes de Londres] ha sido una experiencia poética lo que han hecho con mi texto”, detalla Juan Mayorga tras el estreno de su obra La tortuga de Darwin o Darwin’s Tortoise, en castellano y en inglés porque se alternan, hasta el 18 de marzo, ambas versiones con diferente elenco de actores para cada una.

El teatro Cervantes de Londres es pequeño y acogedor, lo cual permite un acercamiento físico y comunicativo entre el público y los actores que hablan de humanidad a través de la historia y la ciencia. La historia y la ciencia de dos siglos -especialmente el más reciente-, lo que ha tardado una tortuga que trajo el naturalista Charles Darwin de Galápagos a Inglaterra, en evolucionar y convertirse en la vieja Harriet Richardson. En la versión en castellano el papel principal lo interpreta la actriz venezolana Gledys Ibarra; y en la traducción al inglés lo hace la veterana Gilly Daniels.

La directora del montaje teatral, Paula Paz, se las ha manejado bien para tener a punto los dos equipos en poco más de un mes de tiempo. Cuenta: “He hecho los ensayos con el grupo de actores por separado, no se han visto mutuamente como hacían los mismos papeles hasta casi el día del estreno que se han visto actuar”. Son dos actores y dos actrices para cada versión.

La obra surgió inicialmente de una fotografía de un periódico que vio Juan Mayorga en la que se mostraba una tortuga con el titular “Harriet cumple 175 años”. Se trataba de la única de las cuatro tortugas que Charles Darwin se llevó de Galápagos a Inglaterra. Tres perecieron, la cuarta, Harriet, fue enviada a Sydney (Australia) porque no se adaptaba al clima de Inglaterra. “Al leer el titular pensé que la tortuga, con 175 años, había sido testigo de la Revolución rusa y de la perestroika, y a partir de ahí fui desarrollando la obra de la tortuga evolucionista. Antes pensaba hacer una obra de Copito de nieve queriéndole decir a los niños que se le acercan al zoo: ‘Soy un actor’, pero Copito de nieve se movía, en cambio, la tortuga no se mueve, por lo tanto, la he hecho evolucionar en mujer”, explica el autor tras el estreno en Londres.

Los paralelismos políticos entre la experiencia vital de la tortuga Harriet, convertida en mujer en 1937 en Guernica y en Alemania en la Segunda Guerra Mundial, y los momentos actuales son inevitables. Así y todo, Juan Mayorga no quiere que la cosa quede como una obra pesimista, y recurre al filósofo Walter Benjamín, víctima del nazismo, para decir que “no podemos ser optimistas, pero debemos organizar el pesimismo o ser optimistas paradójicos”.

Aunque la obra se presentó en un gran teatro de Seul (Corea del Sur) y en Bilbao en un aforo de 1.000 personas, los teatros pequeños la convierten en un marco adecuado porque permite una más íntima reflexión sobre el texto. En Madrid se presentó en el Teatro de la Abadía con un aforo de 250 personas. En el caso del teatro Cervantes todo se desarrolla en una sala de estar que comparten público y actores. La versión inglesa ha sido traducida por David Johnston, a quien Juan Mayorga no tiene más que palabras de agradecimiento y de gratitud. Sobre el resultado final dice: “He quedado en deuda con David Johnston porque se ha esmerado en el arte de la traducción”.